Mendoza y un febrero de fuerte dualidad
Mientras los números macroeconómicos de exportación muestran signos de recuperación, la realidad de los productores primarios ha detonado un nuevo pedido de auxilio al gobierno.


El sector vitivinícola de Mendoza transita un febrero marcado por una fuerte dualidad: mientras los números macroeconómicos de exportación muestran signos de recuperación, la realidad de los productores primarios ha detonado un nuevo pedido de auxilio al gobierno.
Según los últimos reportes, las exportaciones de vino argentino han comenzado el 2026 con el pie derecho. El motor de este crecimiento no ha sido el embotellado de alta gama, sino el vino a granel blanco, que ha traccionado los envíos al exterior, permitiendo cerrar los primeros balances del año con cifras en verde. Este fenómeno sugiere una recuperación de competitividad en volumen, vital para descomprimir los stocks de la provincia.
Sin embargo, el derrame de esa mejora comercial no parece llegar a la finca. Entidades de viñateros han formalizado un pedido urgente para que se declare la Emergencia Vitivinícola por el plazo de dos años en Mendoza. El reclamo incluye la creación de un fondo específico de asistencia, argumentando que la rentabilidad del productor está asfixiada y que, sin intervención estatal directa, muchos viñedos corren riesgo de abandono ante la actual coyuntura de costos y precios.
En el plano institucional, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) sigue ajustando la sintonía fina de la calidad. De esta manera, ayer el organismo presentó los resultados de la 1ra Ronda de Ensayos Interlaboratorio que es un evento clave para estandarizar mediciones y asegurar la consistencia técnica de los análisis que avalan tanto al mercado interno como al exportador.
Conclusiones para tener en cuenta | Así Mendoza vive días de contrastes, donde la reactivación de los despachos a granel convive con la urgencia financiera de los productores, mientras el organismo de control busca elevar la vara técnica de la industria.


